Hace unos días estuve viendo un programa de televisión donde entrevistaban a una psicopedagoga y ella comentaba que los niños necesitan un promedio de 2 años para que su cerebro aprenda su nombre por medio de la repetición. Es decir, un bebé de 2 años sabrá por lo menos voltear a ver en dirección donde están diciendo su nombre y reconocer su identidad.

Me llamó mucho la atención que el cerebro humano necesita por lo menos 730 días —es decir, 17,520 horas— para aprender a responder gestualmente cuando alguien llama al nombre de la persona; pero se necesita tan solo un instante para que una situación o una palabra nos quite nuestra identidad espiritual y emocional.

Lo que hoy somos es el resultado de la suma de las decisiones que hemos tomado en nuestra vida, basándonos en lo que creemos ser. En otras palabras, lo que creemos de nosotros mismos determina lo que en nuestra mente pensamos que somos capaces de hacer y esto no siempre es verdad porque no siempre coinciden nuestros pensamientos con los que Dios tiene acerca de nosotros.

Entonces ¿cómo podemos afirmar nuestra identidad? Una persona está segura de quién es cuando sabe quién la hizo y quién está siempre con ella. Es impresionante que a veces podemos identificar a las personas sin conocerlas previamente, tan solo por lo que dicen de sí mismas.

Esto me hace pensar que aquellas frases que agreguemos después de las palabras “Yo soy..” son lo que determinará lo que llegaremos a hacer y alcanzar en nuestra vida. ¿Cuántas veces has dicho de ti mismo cosas como…?

  • Yo soy un fracasado.
  • Yo soy un inútil.
  • Yo soy pobre.
  • Yo soy negligente.

El único que puede decir quién eres realmente eres es Dios, tu Creador. El rey David sabía y estaba seguro de que el Dios que lo había creado no hace cosas defectuosas o a medias, sino solamente cosas maravillosas. Y como creación Suya, entonces también él era maravilloso.

Esto me lleva a asegurar sin temor a equivocarme que somos una obra maestra y que las obras maestras son invaluables. ¡Somos la obra maestra y maravillosa de Dios!

«Dios mío, tú fuiste quien me formó en el vientre de mi madre. Tú fuiste quien formó cada parte de mi cuerpo. Soy una creación maravillosa, y por eso te doy gracias. Todo lo que haces es maravilloso, ¡de eso estoy bien seguro!»
Salmos 139:13-14, (TLA)

Dios no diseñó ni un solo día de tu vida donde el final no fuera un buen final; por eso el apóstol Pablo escribió en Romanos 8:28 lo siguiente: “Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados”.

Yo siempre he dicho que el mensaje parafraseado de este versículo es que para los que amamos a Dios todas las historias siempre tienen un final feliz.

Cuando vas a una reunión y conoces a personas que nunca has visto y te presentas usualmente lo haces con tu nombre, el que tus padres decidieron darte cuando naciste. En La Biblia podemos ver que Dios le cambió el nombre a personas que tenían un nombre que significaba algo que no era acorde a lo que Él tenía preparado para ellos; por ejemplo: Dios cambió el nombre de Abram (el padre es excelso) a Abraham (Padre de multitudes). En otras palabras, si hubieras conocido a Abraham, él se hubiera presentado así: “Buenos días. Mi nombre es Padre de multitudes”. A continuación, otros ejemplos:

  • De Sarai (Dios liberta) a Sara (princesa)
  • De Simón (junco que es llevado por el viento) a Pedro (piedra, roca)
  • De Jacob (El que suplanta) a Israel (el que reinará con Dios)

¿Qué tipo de “yo soy” está saliendo de tu boca? No importa lo que te hayan dicho en tu casa, en el colegio o tus amigos; tú eres lo que Dios ha dicho que eres y punto.

¿Qué tal si cada mañana que te mires en el espejo dices las siguientes frases de ti mismo?

  • Yo soy bendecido
  • Yo soy próspero
  • Yo soy sano
  • Yo soy hijo de Dios
  • Yo soy un excelente líder
  • Yo soy un buen papá
  • Yo soy un buen esposo

Si de todas maneras tienes que hablar es mejor que hables cosas buenas; y a pesar de que no veas lo que estás declarando, igual decláralo para que en el futuro lo puedas ver.

Nadie recordará a los que tiene un mal concepto de sí mismos

¿Puedes recordar alguno de estos nombres?

  1. Samúa
  2. Safat
  3. Igal
  4. Palti
  5. Gadiel
  6. Amiel
  7. Gadi
  8. Setur
  9. Nahbi
  10. Geuel
  11. Caleb
  12. Josué

Te aseguro que los primeros 10 nombres no los recordaste y únicamente recordaste los nombres de Josué y Caleb, pero ¿por qué no los recordabas? Es simple: los primeros diez dijeron esto de sí mismos: “Yo soy débil”.

Pero Josué y Caleb dijeron: “Nosotros somos fuertes porque el que nos hizo la promesa de esa tierra es mayor que cualquier dificultad”.

Hoy quiero invitarte a que completes la frase después de las palabras “Yo soy” y te aseguro que vas a empezar a ver cosas sobrenaturales en tu vida y tu familia.

Yo soy David García y soy hijo de Dios.