Recientemente estuve viendo varios programas que recuerdan y analizan todo lo sucedido el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos, cuando unos aviones piloteados por terroristas se estrellaron contra las Torres Gemelas. Me impactó muchísimo escuchar las historias de cada familia contando cómo desearían volver a ver a sus seres queridos y decirles lo que nunca les dijeron, volver a platicar con ellos. Pensé que todo lo sucedido hace veinte años es tan parecido a lo que estamos viviendo hoy mientras enfrentamos tiempos difíciles. Jesús nos dijo que en el mundo tendríamos aflicción. Él nos hizo saber que vendrían tiempos malos.

Es entonces cuando pienso en estas cuatro palabras: “¿Y qué pasa si…?” —en español son cuatro, en inglés, dos: What if…?—. Son palabras con mucho poder. Muchas veces las utilizamos para preguntarnos qué pasaría si no pasa algo que pensamos. ¿Qué pasaría si el plan no sale como lo esperado? ¿Qué pasaría no llegan las personas que invitamos? ¿Qué pasaría si no me crece el pastel en el horno? ¿Qué pasaría sino termino la universidad este año?

Pocas veces pensamos en esto luego de un enojo o una gran pelea con nuestro esposo o esposa, acaso porque uno de los dos dijo algo lo que no debía decir, porque llegó tarde, porque no llevó lo que el otro le había pedido, porque olvidó enviar algo importante… Terminamos el día o nos despedimos en la mañana sin pensar “¿Qué pasaría si…?”

¿Qué pasaría si hoy mi esposo se enfermara? ¿Qué pasaría si no llega a casa después del trabajo? ¿Qué pasaría si no puedo escribirle un mensaje para pedirle perdón? Estas palabras deberían de ser un frente para detener enojos eternos, noches sin hablar o almuerzos sin decir nada. Mientras más crece la maldad afuera, más debería crecer el amor y la fortaleza en nuestras familias. Luchar por la paz y la comunión, que nuestros hogares sean una fortaleza firme, que las palabras “¿Qué pasaría si…?” nos permitan soñar y evitar una Tercera Guerra Mundial en casa.

¿Qué pasaría si pienso más en dar que en recibir? ¿Qué pasaría si dejo de sacar una cinta métrica para medir los errores o las cualidades de otros? ¿Qué pasaría si pudiera amar más y criticar menos?  Y ¿qué pasa si mi corazón aprende más del corazón de Jesús?

Evelyn de Calderón
Empresaria
Cabeza de red en la red de Jóvenes de Casa de Dios