¿Te has preguntado por qué algunos matrimonios sobrepasan adversidades de manera exitosa mientras que otros en condiciones similares terminan en frustración y crisis?

Desde que nos casamos, Romeo y yo hemos tenido que enfrentar diferentes retos. Desde el punto de vista económico se podría decir que iniciamos con el pie izquierdo. Él tenía una deuda que le quitaba el sueño y yo proveía económicamente para mi mamá y mis hermanos. Luego surgieron circunstancias inesperadas que salieron de nuestro control. Se me dificultaba quedar embarazada y, cuando por fin lo logré, mi embarazo fue de alto riesgo. Tuve varias amenazas de aborto y nuestro bebé nació prematuro.

Mi hijo tenía solo unos meses de nacido cuando a mi madre le detectaron cáncer y de un día para otro tuve que dejar mi trabajo, mi casa y a mi esposo para mudarme a otro país y acompañarla en este proceso. Dios sanó a mi madre milagrosamente y pude regresar a casa pocos meses después.

Un par de años más tarde la sobrina de mi esposo falleció y fue una situación muy difícil para toda la familia aun hasta el día de hoy. Por si fuera poco, cuando comenzó la pandemia nos quedamos atrapados en Colombia durante tres meses hasta que pudimos regresar a Guatemala en un vuelo humanitario.

Al llegar a casa desde Colombia me enfermé gravemente. En ese momento me diagnosticaron una enfermedad neurológica que me impedía caminar, pero nuevamente Dios obró milagrosamente y recuperé mi salud al poco tiempo.

En cada situación difícil que hemos vivido, mi esposo y yo hemos aprendido que somos un equipo y que juntos somos más fuertes, porque si uno de los dos cae, el otro lo levanta. La felicidad no depende de las circunstancias, sino de tener la actitud correcta ante cada situación que estemos viviendo, ya sea agradable o no. 

Estudios han demostrado que la felicidad de las parejas tiene poco que ver con dinero, éxito u oportunidades, sino con la habilidad de cada integrante de ajustarse a experiencias o circunstancias fuera de su control. Cuando atraviesas momentos tensos suele pasar que te sientes agobiado y cansado, de manera que los pequeños errores que pueda cometer tu pareja los percibes como fallos insoportables.

Cuando se entra en una fase de negatividad se tiende a exagerar los “defectos” del otro o se focaliza la atención solo en ellos, olvidándose de los aspectos positivos. Se percibe a la pareja como la culpable de todo lo que ocurre. En estas situaciones de crisis cada uno tiene una expectativa sobre el otro y espera que se comporte de una manera determinada.

Sin embargo, el hecho de que la otra persona no haya sabido colmar tus expectativas no significa que no te ame o que no esté comprometida con la relación. La tensión, la falta de experiencia o simplemente la confusión pueden haberle jugado una mala pasada. 

Todos enfrentamos situaciones difíciles en el matrimonio, pero en nuestras manos está desarrollar la capacidad de decidir ser felices en cualquier circunstancia y ver a nuestra pareja como nuestro aliado en momentos de angustia.

Lorena Sepúlveda