Hace unos meses tuve que ir al médico a realizarme unos exámenes para revisar el funcionamiento de mis riñones. El urólogo me indicó que una de las maneras que tiene el organismo de eliminar las toxinas o productos de desecho de nuestro cuerpo es por medio de nuestro sistema renal o urinario.

Este proceso de eliminación de toxinas es tan importante que los riñones deben hacerlo todo el día, todos los días, de lo contrario la sangre se vuelve tóxica y, en resumen, nuestro cuerpo colapsa por envenenamiento y esto puede provocar la muerte.

Esta explicación médica me hizo reflexionar que todos los días ingresa a nuestra mente información de diferentes fuentes, pero a diferencia del cuerpo, nuestra alma no tiene un sistema automático de eliminación de pensamientos tóxicos como lo tiene nuestro organismo; y en lo que sí coinciden es que al no eliminar esta toxina emocional esto tendría como consecuencia que tomemos decisiones que nos pueden llevar a una muerte espiritual, emocional y, por qué no decirlo: también física.

Martín Lutero dijo una vez: “No puedo evitar que las aves vuelen sobre mi cabeza, lo que sí puedo evitar es que hagan nido en ella”. En otras palabras, a veces no podemos evitar que llegue información equivocada a nuestros sentidos o pensamientos, pero lo que sí podemos evitar es que esos pensamientos se transformen en acciones que nos dañen a nosotros mismos y a las personas que están a nuestro alrededor.

¿Cómo identifico lo que está contaminando mi corazón?

A veces nos hemos acostumbrado a vivir con aquello que es tóxico para nuestra vida, tanto que nos cuesta identificarlo y, más aún, desecharlo. En el peor de los casos, ya lo hemos aceptamos como algo normal. Entonces, ¿cómo podemos identificar lo que está contaminando nuestro corazón?

Como toda enfermedad, ya sea emocional o física, existen síntomas que nos alertan sobre algo que no está funcionando bien y requiere nuestra atención. Estos síntomas son el resultado o consecuencia de algo más complejo que debe ser atendido y tratado desde su origen. Esto me hace pensar en el pasaje de la Biblia donde se describen las obras de la carne; en otras palabras, los síntomas o evidencias de que algo en nuestra alma no está funcionando bien.

Gálatas 5:19-21 (TLA): Todo el mundo conoce la conducta de los que obedecen a sus malos deseos: no son fieles en el matrimonio, tienen relaciones sexuales prohibidas, muchos vicios y malos pensamientos. Adoran a dioses falsos, practican la brujería y odian a los demás. Se pelean unos con otros, son celosos y se enojan por todo. Son egoístas, discuten y causan divisiones. Son envidiosos, se emborrachan, y en sus fiestas hacen locuras y muchas cosas malas. Les advierto, como ya lo había hecho antes, que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios.

Este pasaje puede servirnos para realizar una lista de revisión o checklist para saber si tenemos alguno de estos síntomas en nuestra vida. Muchas veces, sutilmente, empezamos a tener conductas o actitudes que antes no teníamos. De hecho, al repetir estas conductas se convierten en hábitos o costumbres que se fortalecen con el tiempo y luego son muy difíciles de cambiar y pueden traer consecuencias negativas a nuestra vida.

No debemos olvidar que toda acción, cualquiera que esta sea, comienza con un pensamiento.

¿Cómo hago para deshacerme de la basura emocional?

Muchas personas culpan a su entorno o a las circunstancias por su manera de actuar, pero no siempre eso es verdad. Por ejemplo, la misma agua hirviendo que endurece a un huevo ablanda a una papa. En otras palabras, no se trata del entorno, sino de qué estás hecho.

No permitas que lo tóxico contamine tu vida y cambie tu esencia como persona.

Dicen los psicólogos que los seres humanos no eliminan hábitos, sino que los reemplazan por otros nuevos, y que este proceso puede durar entre seis y ochos meses.

Lo interesante es que los hábitos se forman por medio del mecanismo de la repetición. O sea, si tienes malos hábitos significa que tus pensamientos te han llevado a acciones repetitivas que se han convertido en costumbre. Puede que hayas empezado a decir malas palabras y empezaste con una palabra, pero lo has repetido tantas veces que ese mal hábito se ha convertido en algo normal para ti y no te afecta.

No podrás cambiar hábitos en tu vida si no sacas los pensamientos tóxicos y los reemplazas por los pensamientos correctos que te lleven a hacer un intercambio de malas costumbres por buenas.

Quiero compartir contigo cinco consejos que te ayudarán a deshacerte de la basura emocional que afecta también tu vida espiritual y, por consecuencia, tiene consecuencias nocivas con aquellas personas que te rodean.

  1. Mejora tu relación con Dios y mejorará tu relación con todo tu entorno.
  2. Renueva tu mente. No permitas que los pensamientos tóxicos se conviertan en acciones incorrectas. Efesios 4:23-24 dice: “Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad”.
  3. Aléjate de personas que influyen en tus convicciones.
  4. Tus sentidos son receptores de señales que pueden influir en tus actitudes. Cuida lo que miras, lo que escuchas y lo que hablas.
  5. Recuerda: todo es permitido, pero no todo te conviene.

Nunca es tarde para tomar acciones y tener una vida emocionalmente saludable. Recuerda que las consecuencias son el resultado de las acciones que tomamos y debemos someter nuestras emociones a las convicciones que tenemos en Dios. Lo que te quiero decir es que existe la posibilidad de que un día llegue la tristeza a tu vida, pero no te permitas vivir triste. Seguramente llegará la frustración a tocar la puerta de tu corazón, pero no te permitas vivir frustrado. Estoy convencido de que el fracaso entrará a la sala de tu vida, pero no te permitas vivir fracasado.

Hay tantos errores por cometer como para estar siempre cometiendo el mismo. Saca la basura emocional de tu corazón y verás cómo las cosas empezarán a cambiar.

David García