Era una tarde de agosto del año 2000 en un restaurante de la Zona 7 de la Ciudad de Guatemala. Mi amigo en ese momento inició una plática que marcaría nuestra futura relación; no solo porque ese día nos hicimos novios, sino porque allí el me confesaría algo que tuve que aprender a sobrellevar durante los primeros años de casados. Me dijo que su familia debía millones de quetzales y que, además, él también tenía una deuda personal. Terminó diciéndome que lo único que me ofrecía para nuestra vida juntos era el carro que estaba en el parqueo y sus ganas de salir adelante trabajando duro.

Lo que vino a mi mente cuando me dijo la cantidad de dinero que debían como familia fue: “esto es igual a un Teletón, es mucho dinero”. En ese momento no dimensioné lo que eso significaría en mi vida. Admito que yo ya estaba enamorada, por lo que acepté ser su novia y siete meses después su esposa.

Iniciar un matrimonio con una deuda millonaria no fue nada fácil, sobre todo que era una deuda que yo no me gasté, que no adquirí. Muchas personas me preguntan si fue difícil, si eso no causó problemas en mi matrimonio. Y para ser sincera, fue muy difícil. Durante muchos años vivimos con limitaciones para poder salir de deudas más rápido. Tuve que adaptarme a tener un estilo de vida distinto al que estaba acostumbrada. Sin embargo, esto nunca fue un tema que provocara problemas en nuestra relación. ¿Por qué? Simplemente porque mi esposo desde el inicio se comprometió a no más deudas y yo confié en él. Decidí apoyarlo, adoptar sus deudas como mías y a apoyarlo para salir más rápido de ellas. Creamos un ambiente de confianza gracias a la cual, en vez de buscar culpables, nos convertimos en un equipo, sin reprochar ni señalar.

Ahora, luego de veinte años, vivimos una vida libre de deudas o compromisos financieros. Hemos tenido altas y bajas en nuestra economía, pero esto nunca ha sido un motivo de discordia y, por lo contrario, nos ha unido más. Dios busca unidad económica en el matrimonio porque quiere bendecir a los dos, quienes representan a uno solo delante de Dios.

Si estás casado y tienes diferencias en esta área toma la decisión de resolverlas por medio de la comunicación, sin críticas o resentimientos y aprendiendo a perdonar cualquier falta. En el matrimonio, la integridad y la claridad sobre las cuentas ayuda muchísimo porque la base de toda relación es la confianza.

Por Vanessa de Benecke