Cuando se habla de matrimonio generalmente se mencionan las palabras amor, deber, compromiso, responsabilidad, fidelidad, dinero, etcétera; pero nunca se comenta la palabra amistad. Tú amas a tu esposo o tú amas a tu esposa, pero ¿se divierten juntos? ¿Conversan? ¿Le compartes tus problemas o prefieres compartírselos a una hermana o amiga? ¿Él se siente más a gusto con los amigos que contigo?

Si algo caracteriza mi relación matrimonial es que puedo decir que tengo un mejor amigo que es mi esposo; y si le preguntan a él, diría lo mismo. Nuestro matrimonio está lejos de ser prefecto, pero en veinte años de relación si algo hemos cuidado es la posibilidad de cultivar una verdadera amistad entre nosotros. Claro, esto sin descuidar las demás áreas de nuestra relación. Es además una forma de amor que va de un máximo a un mínimo, un afecto genuino, transparente, lleno de confianza, respeto y entrega que se va construyendo con el tiempo, se corrige y se perfecciona.

A menudo nos preguntamos por qué las parejas se aburren en el matrimonio. Existen muchas, muchísimas razones: la preocupación diaria por salir adelante; los hijos —con toda la responsabilidad que significan—; el trabajo, la situación económica… En fin, todos los problemas que se presentan en la vida de un matrimonio pueden llegar a ser tan agobiantes que en ocasiones lo único que se desea es evadir todo. Y en vez de platicarlo con nuestra pareja, muchas veces buscamos a alguien de afuera para que nos comprenda y nos dé soluciones. También se puede identificar que las parejas que no tienen una amistad son las que nunca pueden salir solas, siempre tienen que invitar a otras personas para poder pasar un rato ameno. Cuando tienen alguna celebración, la lista de invitados es enorme. No digo que esté mal querer compartir con otras parejas, pero es sumamente importante tener un tiempo a solas con nuestro cónyuge para poder ir fomentando la relación de amistad.

A continuación, comparto varios consejos que podrían ayudar a cultivar una amistad en pareja:

  • Pasar tiempo juntos haciendo actividades que tengan en común o turnarse para complacer el deseo del otro. O mejor aún: ¡probar algo nuevo!
  • Tener espacios para conversaciones donde se pueda hablar y compartir de todo y de nada (evitar hablar de problemas, trabajo y deudas).
  • Alimentar la confianza a través de conversaciones respetuosas y honestas.
  • Tener metas en común: soñar juntos, hacer planes.
  • Apreciar los pequeños detalles del día a día de lo que la pareja hace por uno.
  • Reconocer y transmitir lo especial que es la otra persona para uno. Decirlo.
  • Perdonarse y no resentirse en tiempos de conflictos. Están en el mismo equipo.
  • Hacer de la pareja una prioridad y nunca tomar por sentado la relación.

Si las verdaderas amistades duran toda una vida, ¿por qué no tenerla con la persona que despierta cada día a tu lado?

Por Vanessa de Benecke