Cuando unimos nuestra vida a la persona que amamos vemos las cualidades que nos enamoran él o ella, pero también los defectos. Y algunos en el interior decimos “Yo lo/la puedo cambiar”.

Es ingenuo pensar en cosas como “Cuando esté conmigo será mejor persona”, “Yo quiero ayudarlo a cambiar”, “Yo sé que puedo”, “Es que nunca ha tenido a su lado a alguien como yo”. El único poder que tenemos es de cambiarnos a nosotros mismos. Si tu pareja no quiere ayuda —y si no te lo ha pedido— es porque definitivamente no desea cambiar y ante eso no puedes hacer nada.

Muchas parejas comienzan su noviazgo o matrimonio pensando que están ahí para cambiar a su pareja, pero ese no es —o no debería ser— el propósito por el cual se han unido. Si llevas varios años intentando que tu cónyuge sea como tú quieres que sea, seguramente te habrás dado cuenta de lo difícil que es que alguien cambie. Esta es una tendencia que he observado desde algún tiempo en algunos matrimonios y lo único que consiguen es la infelicidad.

El cambio de una persona depende de la disposición y la disponibilidad de cada uno. Quejarte de lo que él o ella no hace es la estrategia incorrecta. No verás mejoras. Es como golpearte en la cabeza en un muro y no lo podrás derribar, solo logras herirte a ti mismo; y aunque veas tu cabeza ensangrentada, continúas haciéndolo sin resultado.

Pero te estarás preguntando: “Entonces ¿qué puedo hacer?” Te comparto tres tareas que cada uno debe trabajar en pareja:

  1. Elogios positivos. El elogio es poderoso. Elogia los pequeños actos y cambios de tu cónyuge.
  2. Construye en ti. Dedica menos tiempo en culpar al otro y ocúpalo en trabajar más en ti mismo. Identifica tus errores y corrígelos, o no tendrás credibilidad cuando le sugieras a tu cónyuge qué hacer.
  3. Muestra empatía. La disposición al cambio mejora cuando una persona se siente escuchada y comprendida. Las personas están mucho menos a la defensiva y mucho más dispuestas a considerar opciones cuando son comprendidas.

Que la atmósfera de tu hogar sea de disposición y no de crítica. ¡Disfruta de crecer en tu matrimonio!

Por Joyce de Pérez
Pastora de iglesia Centro Amistad
Villahermosa, Tabasco, México