Cada noviembre recuerdo el sí, acepto y el sí, prometo que le dije a una mujer que creyó en mí antes de ser lo que hoy soy y tener lo que ahora tengo. 

Con ella inician las historias de amor, porque es la palabra que usamos para corresponder a una propuesta ¡sí, acepto! ¡sí, quiero!

Sí, es una palabra de dos letras que usamos miles de veces, cuando queremos algo, cuando nos ofrecen algo o simplemente cuando aceptamos algo. Es tan fácil y tan corta de expresar, pero detrás de ella hay historias de compromiso, de sacrificio y con un gran significado al que me quiero referir.

El sí (con tilde) en el lenguaje del amor es estar dispuesto a darlo todo, sin reservas, sin condiciones, sin agendas ocultas, porque cuando hay reservas es un sí débil o falso. El sí en una pareja  es una promesa que se puede cumplir día a día, cuando nace en el espacio del  corazón donde esta la capacidad que todos tenemos de amar.

La pregunta es ¿qué valor tiene esa corta palabra para cada persona? No se trata solo de pronunciarla sino de demostrar el valor que le das a tus palabras, de las acciones que respaldan algo tan corto, pero tan valioso.

¿Por qué puede cambiar una vida? Porque al prometer amar a una persona a través de llevarla al altar ese sí se transforma en compromiso, significa que serás único (a), te da pertenencia, te posiciona en el corazón, te da exclusividad y también motiva a la otra persona a hacer lo mismo.

Un sí es el inicio de una aventura con alguien a quien conoces, pero no por completo, trae consigo un riesgo que te lleva desarrollar esa capacidad de amar que todos tenemos y te anima a creer que sí va a funcionar, así es como el amor crece y las palpitaciones se regulan después de declarar tus sentimientos por medio de esa propuesta para iniciar un noviazgo o un matrimonio.

No podemos negar que el amor nos eleva las palpitaciones a una velocidad incontrolable, pero el sí es mágico porque no solo permite que el corazón se regule sino también nos llena de alegría, de optimismo, de fuerzas para mejorar el futuro. El recuerdo del lugar donde haces esas preguntas tan importantes siempre te va a dibujar una sonrisa que te llevará a revivir tu recorrido para llegar al altar, los preparativos y tus nervios.

Claro, hay que tener en cuenta que tu sí podría cambiar si no sabes cuidar la fuerza que te llevó a expresarlo, el amor. La propuesta es para toda la vida, pero es necesario que dimensiones que solo se sostiene con el amor.

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