¿En algún momento te has puesto a recodar todas las cosas que hiciste por conquistar a tu esposa? Puedes traer a memoria esos momentos en que te desvelabas tras esas largas conversaciones por teléfono o por chat, todos los momentos, cosas, compromisos y personas a las que renunciaste por darle prioridad a ella y demostrarle que verdaderamente te importaba. Invertimos tiempo, recursos y, sobre todo, prioridades en esos momentos de conquista. Lo importante era ganar su corazón y convencerla de que éramos el hombre correcto para compartir el resto de su vida.

Ahora volvamos al presente, a lo cotidiano de nuestra vida actual y medita. ¿En qué inviertes tu tiempo libre? ¿Cuál es o cuáles son tus prioridades? Pero sé brutalmente honesto contigo mismo y piensa realmente: ¿a qué le dedicas tu atención en ese tiempo que dispones?

Cuando la pandemia de COVID-19 inició hace más de un año, hacer todo desde casa podía parecer incluso la respuesta al sueño de algunas personas, pero con el tiempo fue poniendo a prueba a muchos hogares y familias. La convivencia diaria y continua se tornaba cada vez más en un reto y muchas veces buscamos maneras de escapar a un momento de paz individual, en medio de los retos que todo esto nos representó.

Nuestros hogares estaban cerrados y cuidadosamente resguardados para que ningún extraño entrara porque esto representaba un riesgo para todos en casa, pero alguien entró sin darnos cuenta y con todos los permisos para adentrarse hasta los lugares más íntimos de nuestro hogar: el entretenimiento en línea (redes sociales, streaming, videojuegos y otros) fueron un escape al encierro que nos tocó vivir, pero poco a poco fueron ganando terreno en nuestro hogar, en nuestra familia, en nuestros hijos, en nuestro cónyuge e incluso en nosotros mismos, tomando un lugar que no les corresponde.

Para mi esposa y para mí fue un reto poder encontrar el tiempo de comunicarnos en el día a día; las largas jornadas laborales desde casa de mi esposa, un emprendimiento en riesgo y el cuidado de nuestro hijo nos hacía llegar agotados al final del día y muchas veces el “escape” a todo eso fue conectarnos un momento a lo que las redes sociales ofrecen, la mayoría de veces cada uno a destiempo del otro, pero esto fue robando nuestro tiempo, nuestra capacidad de soñar en pareja y la capacidad misma de disfrutar la compañía uno del otro. La atención en esos tiempos se desvío hacia lo irrelevante y sin darme cuenta esto intentaba robar el corazón que una vez con tanto esfuerzo y pasión me propuse conquistar; era como un ladrón silencioso que día a día se llevaba una parte de nosotros y nos hacía olvidarla, dejándola perdida en lo cotidiano, poco a poco levantando muros y poniendo distancia para dividirnos aun dentro de nuestro propio hogar.

Un día, sentando en la mesa del comedor, veía cómo mi hijo de 4 años recién cumplidos “se perdía” en un programa que veía en el teléfono mientras mi esposa y yo trabajábamos cada uno en lo suyo. Mientras le hablaba para tratar de recuperar su atención hacia mí me di

cuenta de lo que yo estaba perdiendo, ese pequeño corazón que anhelaba la atención de quien consideraba su “Superman” se estaba perdiendo en lo que le ofrecía un programa de internet; mientras que, a la vez, esa admiración e influencia mía hacia él también estaba en riesgo de perderse porque este “superhéroe” no era capaz de rescatarle de ese ladrón que pretendía robar su corazón.

Tuvimos muchos retos que superar con mi esposa en ese momento y aún nos esforzamos y seguimos trabajando en ello, pero tomamos la decisión de recuperar la atención y el tiempo que habíamos perdido como pareja y mal invertido en cosas que no nos hacían crecer y fortalecernos como matrimonio. El desafío de administrar nuestras prioridades —y con ello, el tiempo y atención que dedicamos a cada uno— sigue estando presente, pero estamos conscientes de nuestra realidad y hemos decidido dedicarnos un tiempo a nosotros como pareja, un día especifico de la semana que tratamos de respetar para compartir nuestros pensamientos, sueños y cualquier otra cosa que queramos comunicarnos (aunque parezca mínima). Es nuestro tiempo, el momento para fortalecer nuestra relación y afianzar nuestro matrimonio.

En Juan 10:10 dice: “El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y la tengan en abundancia”. Hoy nos enfrentamos a un sutil y silencioso ladrón que se ha propuesto robar el corazón de quienes amas, matar tus sueños y propósito y destruir tu familia. No permitas que las redes sociales, el streaming o cualquier otro entretenimiento divida tu hogar y se apodere de un territorio que no le corresponde. Recuerda la pasión, el esfuerzo y la atención que dedicaste para conquistar el corazón de tu esposa y que dio frutos en tu familia, no lo entregues a nadie para que se adueñe de algo que tú como hombre una vez conquistaste. Reacciona, enfoca tu atención nuevamente y si es necesario emprende una reconquista del corazón de tu esposa y de tus hijos. Dios está de tu lado y seguramente te dará la victoria para mantener unido ese hogar que puso en tus manos para cuidarlo.

La Biblia habla de los valientes de David en 2 Samuel 23:11 y menciona a un hombre llamado Sama, quien, al ver que los enemigos tomaban un territorio, se plantó en medio del terreno que era de su pueblo y lo defendió solo, derrotando a todos los enemigos, y Dios le dio la victoria. Sé valiente como este hombre y defiende tu territorio. Dios estará contigo para darte la victoria.

Por Geovanni Ramírez