No sé cuántos de ustedes han comido unos dulces de distintos sabores que se llaman Skittles. A mí me gustan mucho. Me llama la atención que, aunque vienen en un mismo paquete y tienen la misma forma, vienen de colores y sabores distintos. Así es mi familia conformada por cuatro personas con características similares y al mismo tiempo con diferencias muy marcadas. ¿Te identificas conmigo? ¿Tu familia es igual?

Déjame contarte un ejemplo en donde nuestras diferencias, más que separarnos y causar problemas, nos han venido a complementar y nos han hecho más fuertes y unidos como familia. Hace varios años estábamos caminando mi hija y yo en un centro comercial —bueno, para serles sincera no sé si “caminando” se aplicaría en este caso, pues más bien íbamos como en una carrera—; y unos metros atrás de nosotras venían mi hijo y mi esposo platicando, caminando a mi parecer muy despacio.

Esta imagen siempre era frecuente hasta que un día Ricardo, mi esposo, me dijo: “Mi amor, recuerda que venimos en familia. te pido que puedas estar a nuestro lado caminando más despacio”. Al inicio, les soy sincera, lo que vino a mi pensamiento fue: “Mejor ¿por qué no aceleran el paso ellos?”

El fin de semana siguiente en el mismo centro comercial iniciamos a caminar con mi hija cuando me percaté que nuevamente los dejamos atrás. En ese momento tomé la mano de mi hija y le dije: “Esperemos a papá y a Johann”. A mi hija no le pareció y me dijo: “¿Por qué ellos no caminan más rápido, acá entre nosotros?” Yo pensé lo mismo, pero no se lo dije, sino que aproveché a enseñarle a ella que para su papá era importante que toda la familia caminara junta y que como familia nos debíamos apoyar.

Y así hay muchas cosas en las cuales cada uno de nosotros ha tenido que ceder por amor a los otros. En mi familia, así como en la bolsa de dulces, hay temperamentos, recciones y pensamientos distintos; pero hemos aprendido a respetarnos y a valorar la opinión de cada uno sin importar la edad. Hemos sido edificados unos con la ayuda del otro y lo más importante es que hemos aprendido a formar una familia que ama a Dios y que cada día busca hacer Su voluntad.

Te invito a que hoy puedas ver a tu familia como esa bolsa de Skittles: cada uno con cualidades distintas, pero todos juntos buscando su esencia y propósito en la presencia de Dios.

 

Vanessa de Benecke
Cabeza de red e la Red de Matrimonios Jóvenes
Casa de Dios