Josué 9:3-5 dice: “Mas los moradores de Gabaón, cuando oyeron lo que Josué había hecho a Jericó y a Hai, usaron de astucia; pues fueron y se fingieron embajadores, y tomaron sacos viejos sobre sus asnos, y cueros viejos de vino, rotos y remendados, y zapatos viejos y recosidos en sus pies, con vestidos viejos sobre sí; y todo el pan que traían para el camino era seco y mohoso”.

El capítulo nueve de Josué muestra a unos reyes gabaonitas que se vestían con ropas viejas y que fueron delante de Josué como gente necesitada de misericordia. O sea, tomaron en realidad una actitud de mentira y engaño.

Con nuestro matrimonio muchas veces vamos delante de Dios queriendo engañarlo, llevando vestiduras sucias y zapatos rotos, cuando en realidad es solo apariencia.

Nuestro corazón está triste y golpeado. Estamos lastimados no sabemos qué hacer. Nos escondemos en disfraces que el mismo diablo usa porque tomamos malas decisiones.

Terminamos débiles luchando con algo que nosotros mismos sembramos. Y decimos: “No puedo”, “No sé qué hacer”, “No me alcanza el dinero”, etcétera. Y qué decir de estos disfraces en el matrimonio: los hombres nos disfrazamos de Superman y ellas de la Mujer Maravilla. Uno dice “todo lo puedo” y el otro cree que es una maravilla.

Dios no juzga por apariencias

1 Samuel 16:7b (DHH) dice: “No se trata de lo que el hombre ve; pues el hombre se fija en las apariencias, pero yo me fijo en el corazón.»”

Dios va más profundo. Él nunca juzgará por el olor del perfume, ni por la ropa, ni por los títulos o los bienes materiales que tengamos. El Señor siempre juzgará por el corazón. Por eso seamos hombres y mujeres transparentes delante Dios y delante de nuestra pareja.

CESAR ARRECIS
Empresario
Líder en la red de Jóvenes de Casa de Dios