Conocí a Ramón hace 19 años y fuimos novios 1 año antes de casarnos. En nuestro matrimonio de casi dieciocho años son muchísimas las lecciones que hemos aprendido. Le doy gracias al Señor que un día —cuando entendimos que no éramos nosotros, sino Dios en nosotros— ambos decidimos dejarnos moldear por Él.

Decidimos… Esa palabra se ha convertido en una fortaleza en nuestra relación, una herramienta que nos ha ayudado a ganar batallas a favor de nuestro matrimonio. Aquí enumero algunas:

  • Decisión de perdonar. Cuando aprendí que perdonar es una decisión empecé a practicar el perdón y hasta el día de hoy se ha convertido en un estilo de vida para mí. En nuestro matrimonio eso ha sido una victoria que le hemos ganado de frente al enemigo. Cuando mi esposo y yo hemos tenido un desacuerdo o nos ha lastimado alguna actitud del otro nos separamos para orar; y cada uno, en la presencia del Señor, decide perdonar y no permitir que ese enojo dure hasta el siguiente día. Procuramos que ese conflicto no nos haga pecar. El enojo no debe durar todo el día (Efesios 4:26 [TLA]).Claro que lograr esto no fue posible de la noche a la mañana, pero lo hicimos con un corazón dispuesto y eso es lo que el Señor ve en nosotros.
  • Decisión de ser felices. Ramón y yo entendimos que la felicidad no era algo que iba a entrar por la puerta sino una actitud del corazón donde no importa lo que estemos viviendo (enfermedad, escasez o cualquier otra prueba) porque no son las circunstancias las que determinarán nuestra felicidad sino la decisión de disfrutar cada día que Dios nos da, agradeciéndole de todo corazón. Los sentimientos son inestables pero las decisiones son firmes y cuando tomamos decisiones basadas en sentimientos no son generalmente las más correctas.
  • Decisión de practicar la empatía. Esto nos llevó tiempo y esfuerzo porque los seres humanos tendemos al egocentrismo, pero ponernos en los zapatos del otro es algo que nos ha ayudado muchísimo porque hemos aprendido a ver desde su postura ante una situación concreta. En mi caso, esto me ha ayudado mucho a comprender a mi esposo cuando está en sus momentos críticos de dolor y desesperación a causa de una enfermedad muy dolorosa que lo ha llevado al punto de no querer ni hablar. He respetado esos momentos porque practico la empatía y eso me hace ser más sensible a su dolor. Y en muchas otras situaciones, practicar la empatía entre nosotros nos ha evitado muchos problemas.
  • La decisión de amar. De aquí se basa todo lo demás. La decisión que tomamos de amarnos como somos y no como quisiéramos que el otro fuera es nuestra mayor fortaleza y nuestra mayor bendición.

Aprendimos que yo no puedo cambiar a mi esposo ni él a mí, y que el único capaz de cambiarnos es nuestro Señor. Han sido sus manos las que nos han moldeado y en el proceso decidimos amarnos aún con las cosas que no nos gustan del otro. Como alguien nos dijo una vez: “el paquete va completo y no se admiten devoluciones”.

  • Decisión de servir juntos al Señor. Esta decisión es a mi manera de ver lo que más ha fortalecido nuestro matrimonio. Servir es firmar un acuerdo de permanecer unidos hasta que la muerte nos separe, también es dejarnos enraizar en la roca que es Cristo y una casa levantada sobre la roca no caerá (Mateo 7:25).

Ramón y yo somos seres imperfectos, pero siempre en busca de ser mejores. Tenemos hermosos sentimientos, pero también hay sentimientos engañosos. De la mano del Señor hemos tomado las decisiones que hasta hoy siguen vigentes en nuestra relación.

Queremos vivir como cartas abiertas que todos puedan leer, como lo dijo Pablo (2 Corintios 3:2) y que al leerlas vean reflejado el carácter de Cristo en nosotros. Por eso cada día damos gracias al Señor por el gran regalo de estar juntos.

Hay muchas cosas que hemos puesto en práctica en nuestro matrimonio y tomar decisiones es una que nos ha traído bendición. Ramón siempre dice: “No somos un matrimonio perfecto, pero sí somos un matrimonio feliz”. Esa es una gran verdad. Y mientras sigamos juntos seguiremos tomando decisiones para el bien de nuestra relación.

Por Silvia de Mayorga