La consejería es un arte y una escuela, ya que te permite ver la belleza de la restauración, así como aprender de los errores que has cometido y de los que escuchas en aquellos que te buscan. A lo largo de estos años he ayudado a parejas en distintas situaciones y me he dado cuenta de que un arma letal para los matrimonios es la famosa frase: “Yo soy así”.

Uno de los versículos que más me gusta en el tema de relaciones y de transformación personal es Proverbios 25:28 (DHH), que dice “Como ciudad sin muralla y expuesta al peligro, así es quien no sabe dominar sus impulsos”. Asegurar “Yo soy así” sin ninguna intención de cambio nos hace frágiles a nosotros mismos y a las personas que amamos.

No invitaríamos a nuestra familia a vivir en una casa sin puertas o sin ventanas porque su salud estaría en peligro, pero muchas veces sin darnos cuenta así es como viven los nuestros cuando no sabemos gobernarnos. Quedan expuestos a la irresponsabilidad, a la ira, a los gritos, a los vicios, a la falta de perdón y al desorden financiero, entre otros males. No practicar el dominio propio crea a nuestro alrededor un lugar inseguro.

Yo quiero que mi esposa se sienta protegida conmigo antes que en cualquier otro lugar; por esa razón, cuando discutimos o nos enojamos, el dominio propio nos mantiene en un lugar seguro. Me sé controlar y he buscado una transformación para mí. Nunca mi hogar se ha quedado expuesto al peligro. No se trata de ser perfectos, sino de saber gobernarnos; no se trata de nunca enojarse, sino de amar y respetar aun estando enojados; no se trata de no gastar, sino de invertir en una provisión segura para el hogar.

Dios nos ha dado el poder de dominio propio: es nuestra decisión usarlo. Y cuando hablamos de nuestro círculo cercano y de nuestra familia, sí que vale la pena practicarlo.

Por Micke Gudiel
Líder de la red de Jovenes