Cada familia es tan diferente como la suma de las personalidades que la integran. Eso las hace maravillosas, hermosas y únicas. Pero también las hace aún más difíciles y provoca roces y batallas diarias. Lo que puede darnos paz es la seguridad de que es Dios el autor de nuestra familia.

Él conoce perfectamente cada detalle de cada uno y aun así nos ama y cree que nosotros podemos lograrlo. Pero… ¿“nosotros”? ¿Será que papá y mamá conocen muy bien a sus hijos? ¿Será que los hijos saben qué les gusta y qué no les gusta a sus papás? Creemos que este tema se da por sentado hoy en día en las familias. Somos familia y no hay nadie más cercano que la familia, nadie nos conoce mejor que alguien que vive con nosotros. Pero ¿será cierto esto?

Qué amado y valorado te sientes cuando te das cuenta del interés de una persona por conocerte porque quiere pasar tiempo contigo y no da por sentado que sabe todo de ti. Que una mamá haya dado a luz a sus hijos no significa que ya sepa todo de ellos; que un papá esté presente en cada etapa de sus hijos no significa que ya sepa todo de ellos. Como humanos estamos en constante cambio y crecimiento, así que es importante dar por hecho que no conocemos a nuestra familia a la perfección.

Necesitamos usar todos nuestros sentidos: escuchar, observar, palpar y hablar para tener ese conocimiento profundo, uno del otro. Eso traerá mucho valor a nuestra familia. Nos sentiremos amados, valorados, que importamos. Sin importar los años, las edades, el tiempo juntos, debemos mantenernos atentos y expectantes al cambio, al crecimiento de nuestro cónyuge y al de nuestros hijos, para darles a cada uno lo que necesitan; y para ser esas personas que ellos necesitan que seamos. Nunca es tarde para reaccionar frente a esta verdad y empezar a dar pasos de cambios. Dejemos afirmaciones tales como “Nunca va a cambiar”, “Él/Ella es así”, “Estoy seguro(a) de que mi esposo(a)/hijo piensa de esta forma”, “No lo entiendo”, “No sé qué le pasa”, entre otras; y en vez de ello empecemos a dar pasos llenos de amor y gracia; llenos de comprensión y paciencia. Para acercarnos a la familia que Dios nos permitió tener, para poder ir más profundo de lo que está a la vista y conocerlos realmente.

Hoy Dios puede renovar tus fuerzas, darte Su gracia y Su favor, darte más amor y paciencia y sanar tu corazón si al intentarlo fuiste herido(a). Toma un tiempo para orar por este tema en específico y pedirle ayuda a Dios. El Creador de tu familia te respaldará y guiará en el viaje diario de acercarte más a los tuyos.

 

Flor Cruz de Franco
Empresaria
Líder en la Red de Jóvenes de Casa de Dios