Siempre he creído que el matrimonio está conformado de muchas conexiones y no solamente de una en específico. Posiblemente esta idea venga del versículo en Eclesiastés que dice: “cordón de tres dobleces no se romperá” (Eclesiastés 4:12). Tenemos la idea de que cada doblez se refiere al esposo, la esposa y a Dios. Y aunque esta idea no suena nada mal, imagino que como parejas estamos conectados más como una red, con muchas líneas que nos conectan. Y cuando un matrimonio llega al punto de expresar: “Nuestra relación pende de un hilo” es porque han cortado el resto de los hilos que los sostenían.

Es nuestra responsabilidad como parejas cuidar nuestras conexiones. El día a día puede hacer que con o sin intención vayamos cortando los hilos que nos conectan. Una pregunta importante no respondida, un tema no resuelto, un perdón no otorgado, un “gracias” no expresado, el tiempo de calidad no vivido, momentos de pasión postergados, un beso de saludo o despedida no dado, etcétera. Todos estos momentos son hilos de conexión que debemos cuidar. El cordón está conformado de muchos hilos y es nuestra responsabilidad mantenerlos unidos y fuertes.

Estamos en el tiempo en el cual podemos estar conectados con un mundo completo y al mismo tiempo desconectados con quien decimos que es “nuestro mundo”. Tan peligroso como pensar en ser infiel es también descuidar las conexiones con nuestra pareja. Es triste ver parejas separadas porque “se acabó el amor”, pero más triste es aún ver parejas unidas viviendo totalmente desconectadas, conviviendo en una casa sin ser un hogar, estando juntos sin ser verdaderamente una pareja, durmiendo juntos sin una chispa de deseo; y todo por no cuidar de los pequeños hilos que conforman el cordón que los mantenía fuertemente unidos.

¿Qué he dejado de hacer, que me desconecta? ¿Qué tengo en mi habitación que me hace no prestar atención a lo importante? Las conexiones se fortalecen con nuestras decisiones. Dejar los celulares fuera del cuarto simplemente para no tener una excusa de perdernos en ellos y hablar con la persona con quien comparto cama. Desconectarme de mis responsabilidades para conectarme con el amor de vida. Por momentos dejar de ser padres para ser esposos. Todas estas decisiones nos harán estar fuertemente conectados.

No permitamos que nada nos desconecte. Y si por alguna razón hemos cortado algunos hilos, Dios nos ha dado la oportunidad de siempre volvernos a conectar, tomando el tiempo para escuchar, estar, amar y compartir. Hagamos una autoevaluación y preguntémonos qué hemos hecho para que se haya cortado algún hilo con nuestra pareja. ¿He descuidado algo? ¿Qué decisiones debo tomar? ¿Qué tarea importante se volvió más importante que mi pareja? ¿Mi rol de padre me desconectó del rol de esposo o esposa?

Hacernos preguntas nunca es fácil, mucho menos cuando las respuestas nos hacen responsables a nosotros mismos. Sin embargo, no podemos dejar que el orgullo nos separe de la persona a quien decidimos amar. Recuperemos los hilos conectores y nuestro matrimonio será cada vez más fuerte y feliz.

Por Micke Gudiel
Líder de la red de Jovenes