Recuerdo como si fuera ayer las veces que discutía con mi mamá por cualquier cosa: desde arreglar el cuarto hasta los problemas por no sentirme comprendida. Y esta escena se repite en muchos hogares: escuchar que los padres comparan a la adolescencia con una guerra mundial.

Muchos son los temores de esta etapa que nos pueden llegar a paralizar como padres, pero un punto clave es no olvidar que nosotros ya pasamos por esa etapa y, más que juzgar o criticar la formación o la falta de comprensión de nuestros padres, deberíamos conocer a nuestros hijos y comprender la etapa que están viviendo.

Mi adolescencia no fue la mejor. Era una joven apartada, solitaria y rebelde con mis padres. Quizá te identifiques conmigo o no, pero ahora que soy madre de dos adolescentes de 18 y 15 años me doy cuenta de que tanto yo como mis padres no estábamos capacitados ni preparados para enfrentar esta etapa. Por lo tanto, me he propuesto a obtener conocimiento del tema y sobre todo buscar en Dios la sabiduría para poder guiar, formar y conectarme de una manera eficaz con mis hijos.

Si como padres compartiéramos más con nuestros hijos los detalles de nuestra infancia y adolescencia, las situaciones que vivimos, las decepciones, las frustraciones, los errores y las victorias, probablemente seríamos más aceptados, comprendidos y queridos por ellos, porque solo desde la confianza compartida con sinceridad logramos crear una conexión con nuestros hijos. Como les decía anteriormente, no olvidemos que un día fuimos adolescentes.

La mejor manera de mantener a los adolescentes en casa es construyendo una atmósfera agradable en el hogar. El ambiente familiar es un factor importantísimo para un correcto desarrollo.

Por Vanessa de Benecke
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