Cuando me separé de mi esposa, luego de once años de matrimonio y dos hermosos hijos de pocos años de edad, emprendí un viaje hacia la introspección. Me fui cinco días a una casa de retiro en Honduras para silenciar mis pensamientos y encontrar paz en medio de la tormenta. Mi mentor, mi gran amigo, Marco Gómez, me dijo una frase trascendental: “En este momento, puedes actuar desde el miedo o desde el amor. Lo que decidas hará una enorme diferencia”.

Debo reconocer que había postergado escribir La travesía del amor, el libro que lanzaré el 24 de noviembre, en el auditórium Casa de Dios. Me daba miedo exponer un área tan íntima. Me daba miedo contarle al mundo que había sido infiel y que luchaba con la sexualidad desordenada. Me daba miedo decir que no sabía administrar mis finanzas. Me daba terror aplicarme la etiqueta “divorciado”. ¿Cómo pude actuar tan diferente a lo que firmemente creo correcto? ¿Cómo hablar de algo en donde me sentía un fracaso?  

Mis temores se fueron confirmando. Lo que nunca me había pasado como empresario, escritor o conferencista, ahora me ocurría. En redes sociales empezaba el escarnio: “Cómo puede hablar de eso si tuvo una cuenta de Tinder”… “Cómo puede hablar de eso si es un mujeriego”… “Cómo puede hablar de eso si perdió a su familia”… “Cómo puede hablar de eso si fue infiel”… “Cómo puede hablar de eso si lastimó a mi amiga”. Pues precisamente por todas esas razones es que lo hago.

Leí en algún lado que la religión es para quienes desean evitar el infierno. La espiritualidad, sin embargo, es para quienes ya estuvimos allí. Quiero confirmarte que es cierto lo que dicen en redes. Lo perdí todo por mis errores y sigo pagando las consecuencias de mis imperfecciones. Sin embargo, ahora te hablaré desde el amor.

Escribí una obra que busca exponer lo más preciado que tengo: mi absoluta vulnerabilidad. No te hablaré desde mi formación como científico. De nada me sirvió tener un doctorado en dinámica humana y salud mental para sanarme. Sin embargo, usé esa rigurosidad académica para sustentar mis argumentos. No te hablaré desde el trono de la perfección para darte fórmulas mágicas o para juzgarte. Te hablaré como un ser humano le habla a otro, te aconsejaré como un amigo que busca el bien del otro. 

Escribí una obra que espero que mis hijos lean para responder sus preguntas y orientar sus decisiones. Algo útil, accesible, sustentado en las mejores prácticas y en lo que he aprendido luego de tanto dolor.

Enfocados en esos retos, con un equipo de especialistas, hemos preparado un evento que desea regalarte esperanza para que descubras, como este servidor y amigo tuyo descubrió, que es posible salir adelante. Es posible reconstruirte.

Hoy, mis miedos más profundos se han convertido en poderosas armas para amar. Sin duda, solo Dios puede usar el peor de tus errores como instrumento para ayudar a otros, de forma que el mayor de tus dolores se vuelva el mayor de tus propósitos. Bienvenido a la travesía del amor.