No hace mucho, durante la hora del almuerzo, una de mis hijas nos preguntó a mi esposo y a mí cómo nos habíamos conocido y cómo nos hicimos novios. Esta pregunta me hizo hacer una pausa y retroceder varios años, veintiún años para ser exactos. Recordé aquel martes 27 de febrero después de un grupo de la iglesia, cuando mi mejor amigo me lanzó la pregunta: “¿Quieres ser mi novia?” Y aun hoy, escribiendo este pequeño artículo, siento los mismos nervios y la misma emoción que sentí cuando le dije que sí.

Qué lindo y maravilloso es Dios cuando, desde el inicio de la creación, dijo: “No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él” (Génesis 2:18). Y cuánta razón tenía. La vida es mucho mejor cuando estamos acompañados. Es tan lindo estar casado, y más con la persona de quien nos enamoramos.

Este mismo versículo, en la versión en inglés AMP, dice que Dios quiso hacer una ayuda para el hombre, alguien que le sirviera de balance, una contraparte que fuera complementaria para él. Y así es: mi esposo me complementa y yo lo complemento a él. Él me sirve de balance y yo a él. Eso mismo quiso Dios desde el inicio: que dentro del matrimonio nos complementáramos, nos apoyáramos y estemos el uno para el otro.

Quisiera decir que la famosa frase de las películas de Disney: “y vivieron felices para siempre” fue también para nuestro caso, pero en realidad no fue así. A veces no todo es color de rosa en el matrimonio: hay días grises y quizá otros no tan buenos, Jesús mismo lo dijo en Su Palabra: “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo” (Juan 16:33). Esta es una realidad que, lejos de entristecernos, debe darnos la esperanza de que, a pesar de los momentos difíciles, si confiamos en Dios siempre saldremos victoriosos y tendremos paz.

Me gustaría hacer una pregunta, en especial a las personas casadas que están leyendo este mensaje: ¿Terminó tu noviazgo después de que te casaste? Me gustaría que tu respuesta fuera no; pero si dijiste que sí, déjame animarte a que busques con intencionalidad volver a ser novio o novia de tu pareja dentro del mismo matrimonio.

Quiero animarte a que hoy mismo tomes un tiempo con tu esposo (después que los niños estén durmiendo ya) y que juntos puedan recordar ese día tan especial cuando se hicieron novios, que juntos recuerden las cartas y tarjetas llenas de amor que se mandaban el uno para el otro, las llamadas y las horas que pasaban hablando por teléfono aun cuando hacía tan solo 20 minutos se habían despedido. Te invito a que recuerdes cuando te arreglabas y escogías tu perfume favorito porque ya se acercaba la hora en que iba a llegar el hombre de tus sueños para salir a la tan esperada cita; que recuerdes esa canción especial que un día te dedicó o que tú le dedicaste.

Dicen por ahí que recordar es volver a vivir y eso mismo es lo que quiero dejarte: que vuelvas a vivir todo lo que un día hizo que te enamoraras de tu esposo o esposa y que decidan juntos vivir un noviazgo para toda la vida. Porque el noviazgo no se debe acabar cuando nos casamos.

No me malinterpretes, por favor: no estoy diciendo que vivas en un mundo de fantasía. Yo sé bien las responsabilidades que el matrimonio conlleva y también sé lo duro que se vuelven las rutinas; y más cuando llegan los hijos, que, si bien son una bendición y una alegría grande, también pueden llegar a desenfocarnos y sin querer podríamos dejarnos como pareja en un segundo plano.

Por eso quiero dejar en tu mente la palabra intencionalidad: porque eso es vital dentro del matrimonio. Que seamos intencionales en darle su tiempo y lugar a nuestra pareja. La Biblia nos enseña que todo tiene un tiempo específico y se requiere de intención para que podamos vivir un noviazgo dentro de nuestro matrimonio. No podemos decir que amamos si no lo demostramos. Recuerda que el amor cubre multitud de faltas y cada día Dios nos da una nueva oportunidad para amar, para perdonar, para vivir, para animar, para apoyar, para ser pacientes y tolerantes… Una nueva oportunidad para ser felices con nuestro cónyuge.

Al hablar de intencionalidad no podemos olvidar la comunicación, que esa es vital. Debemos tenernos tanta confianza que podamos hablar de cualquier tema con nuestra pareja. Comunicación asertiva le llaman, pero yo prefiero llamarle confianza: esa confianza de hablar acerca de cualquier cosa con nuestra pareja, buscando siempre el bien común.

Dios ama el matrimonio, por eso Él debe ser esa parte vital en él. En Eclesiastés 4:12 dice: “y cordón de tres dobleces no se rompe pronto”. Si le dejamos a Él el control de nuestra barca, tengamos la confianza de que nos llevará a puerto seguro porque sus planes son de bien y de bendición para darnos un futuro lleno de esperanza.

Te animo a celebrar todos los días tu matrimonio. De rodillas agradécele a Dios por el compañero o compañera de vida que tienes a tu lado y juntos oren el uno por el otro. Juntos sepan que están dentro del mismo equipo donde el Señor es el capitán. Juntos abracen las promesas que Él tiene para ustedes: un día las verán cumplirse.

Te animo a que vivas todos los días sabiendo que estás casada con el amor de tu vida y que juntos puedan tener un noviazgo para toda la vida.

Rebeca de Ramirez
Líder en la red de Prejuveniles de Casa de Dios.