Cuando mi esposo y yo nos íbamos a casar, el pastor que nos casó usaba los elementos tradicionales para realizar el pacto matrimonial, pero nos dijo que de sorpresa lleváramos un elemento con su significado.

Yo era una jovencita de 19 años y a esa edad uno no sabe qué le depara la vida, pero tenía mucha fe en que nos iba a ir muy bien. Entonces pensé: ¿Qué puedo llevar ese día de mi vida que sea un símbolo para nuestro pacto?

Me acordé de algo que había leído varías veces en la Biblia: “Ustedes son la sal del mundo. Si la sal pierde el sabor, ¿para qué va a servir? ¡Sólo para que la boten y la pisoteen por inservible!” Mateo 5:13 (NBV). Así que llevé sal.

Para la mayoría de las personas supersticiosas en nuestros países latinoamericanos la sal podría significar algo malo o negativo, como decir a alguien “Estás salado” para decirle que siempre le va mal. Sin embargo, Jesús nos enseña que la sal da sabor y esa es una de sus funciones principales. Si la sal no tiene sabor no sirve.

Ese día le prometí a mi novio que yo le daría sabor a su vida. Esa promesa fue significativa para mí porque era un compromiso.

Debo aclarar que en ocasiones no he tenido nada de ganas de ser esa mujer que da sabor a su vida, pero a casi diecinueve años de haber hecho aquella promesa, aún es algo que tengo presente: darle sabor a nuestra vida juntos. Es inevitable enfrentar problemas, adversidades y situaciones difíciles, así que ¿por qué no hacerlo con gozo en el Señor que es nuestra fuerza?

No gastes tu vida esperando que las cosas cambien para que puedas ser feliz y decide darle sabor ahora mismo. Si sientes que tu matrimonio ha perdido su sabor es tiempo de que uno de los dos tome la iniciativa. Haz reír a tu pareja, mira lo positivo de él o ella y disfruta los momentos juntos. Propicia momentos a solas, renueva tu mente, envíale mensajes para provocarle risa. Lo que sea que quieras poner en práctica, hazlo para darle sabor a tu matrimonio.

Joyce de Pérez
Pastora general de Centro Amistad
Villahermosa, Tabasco, México