Desde hace más de 17 años, cuando tomamos la decisión de casarnos, con la que hoy es mi esposa, hicimos nuestros votos en el Altar del Señor y nos juramos amor eterno. 

Todo comenzó muy bien hasta que surgió el primer disgusto, el cual se comenzó a convertir en pequeñas peleas y llegamos a fuertes discusiones, a tal grado que incluso, pensábamos en el divorcio.

El gran problema entre nosotros era la falta de comunicación. No nos podíamos entender, yo decía negro y ella decía blanco, yo decía arriba y ella decía abajo.  No nos podíamos poner nunca de acuerdo.  Llegamos a pensar que era mejor que estuviéramos viviendo juntos pero separados, había que dar un buen testimonio ante los demás, a quienes era más importante agradar que hacerlo entre nosotros.

Poco a poco comenzamos a vivir vidas paralelas, ni siquiera divergentes, mucho menos convergentes.  Cada quien vivía a su manera y muchas noches dormimos en habitaciones separadas.

Fue hasta que nos convertimos en analistas de nuestra relación y descubrimos que nos hacía mucha falta hablar entre nosotros, las cosas que nos interesaban, los sueños que teníamos, las metas que queríamos alcanzar, la búsqueda de poder agradarnos entre nosotros con palabras de afirmación y sobre todo, palabras para encontrar y pedir perdón por nuestros actos, que fueron hechos con desprecio o muchas veces sólo con el silencio, el cuál mata cualquier sentimiento a favor del amor.

Empezamos a dialogar en vez de discutir y comenzamos ver cambios radicales en nuestra relación.  Era necesario realizar cambios en nuestra estructura matrimonial.  Necesitamos reconstruir aquello que se había perdido cuando éramos novios. Era imperante volver a recordar cómo nos habíamos enamorado y todos los obstáculos que habíamos librado hasta llegar a estar juntos.  Era importante comunicarnos verbalmente, o con lenguaje diferente al de las palabras, era importante vernos a los ojos, cosa que habíamos dejado de hacer y que ahora la buscábamos desesperadamente pues, en el fondo éramos un par de tontos al pelea, dejando a un lado aquel para de enamorados uno del otro.

Buscamos ayuda y comenzamos a practicar algunos ejercicios que encontramos en folletos, blogs, libros y sobre todo, la dirección de nuestros líderes, que para ese entonces ya estábamos en un grupo de matrimonios, buscando nuestra restauración.

Era necesario buscar dentro de nosotros la manera de ser felices dentro de nuestro matrimonio y vivir uno para el otro.  Con el pasar de los días, fuimos aprendiendo a caminar en la comunicación y ahora si yo decía negro y ella blanco, hacíamos una reflexión y lográbamos un consenso, lográbamos ponernos de acuerdo para buscar un gris y ambos contentos con el nuevo resultado y si era rojo y blanco, obteníamos un rosado o bien, un azul y un blanco, obteníamos un celeste.  Comenzamos a ver las cosas desde ambos puntos de vista, desde nuestros diferentes sentimientos y controlando muchas veces las emociones que son siempre las que nos engañan para no lograr nuestros objetivos o metas en común.

Hoy por hoy aprendimos a vivir no como el matrimonio perfecto, pues aún hay algunas diferencias, pero nos esforzamos ambos a vivir un matrimonio correcto delante de los ojos del Señor y eso, nos hace vivir de esa misma forma ante los demás, pues vivimos igual afuera que adentro de nuestro hogar.

Hemos aprendido a tener en nuestras vidas LA EXPERIENCIA DE VIVIR FELIZ EN EL MATRIMONIO

ALGO PARA REFLEXIONAR

La crisis en el matrimonio puede originarse a veces por una defectuosa comunicación. La crisis en sí misma supone una ruptura de la comunicación.

Esta ruptura se manifiesta de forma abierta cuando el trato y el diálogo dejan de existir. O puede aparecer de forma velada cuando se continúa la relación a base de monosílabos.

En todo caso lo que se pretende es que estos momentos de desacuerdo conyugal (normales por otra parte en la convivencia matrimonial) sean transitorios y leves, gracias a la buena voluntad de los cónyuges

Te dejo 6 pequeños pasos que puedes poner en práctica con tu conyugue y asi, de esa manera, romper el silencio y comenzar a dialogar sobre estos puntos

1.- Tiempo de oro
Dedícale tiempo al otro pero no confundas la calidad con la cantidad.

2.- Salidas frecuentes
Sal con tu cónyuge con alguna frecuencia. No te limites a «sacar» a tu mujer de casa, preocúpate de «salir con ella» a algo que le agrade.

3.- Oír y escuchar
Cuando él-ella te hable, no te limites a oír, deja de trabajar, o deja el periódico a un lado, mírale a los ojos. Él o ella se enterarán de que te escucha.

4.-Como novios
Mantén viva la ilusión del primer día de noviazgo. Conquístale a diario. Preocúpate de tu arreglo personal.

5.-Buenos recuerdos
Recuerda con frecuencia los momentos felices compartidos por los dos.

6.- Sueños de enamorados
Sueña como los enamorados pero ten los pies en tierra como los esposos.

-Ramón Mayorga