Le doy gracias a Dios porque llevo diecinueve años de ayudar matrimonios a ser exitosos y a salir adelante. Con “exitosos” no me refiero a que alcanzan la perfección, tampoco que no tengan problemas, sino que pueden resolver sus diferencias, ser adaptables y llegar a aceptarse y amarse tal como son. El tema hoy en día es que muchas personas están buscando en un noviazgo a la persona más bella físicamente y con un corazón noble para poder pasar el resto de sus vidas juntos, pero no hemos comprendido que estos detalles, aunque pueden ser importantes, lo realmente importante es tener un buen compañero(a) para compartir el resto de nuestra vida.

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Por Ramon Mayorga

Quizás usted haya escuchado que la mitad de los matrimonios hoy en día terminan en divorcio, con cónyuges amargamente disgustados y niños confundidos. ¡No deje que esto le suceda! Ya sea que su matrimonio esté pasando por momentos difíciles, que su hogar sea un nido de felicidad o que usted sea soltero y esté pensando en casarse, estos consejos gratuitos le ayudarán en su matrimonio. ¡Provienen directamente de Dios, el Creador del matrimonio! Si usted ha probado muchas alternativas, ¿por qué no le concede a Dios una oportunidad?

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La pérdida de amor en el matrimonio puede suceder por diversas causas: invertir demasiado tiempo en nuestras ocupaciones, la atención diaria hacia nuestros hijos —sobre todo cuando son pequeños— el cansancio, la falta de atención y conexión entre la pareja, los conflictos permanentes y la poca búsqueda de soluciones.

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Desde hace más de 17 años, cuando tomamos la decisión de casarnos, con la que hoy es mi esposa, hicimos nuestros votos en el Altar del Señor y nos juramos amor eterno. 

Todo comenzó muy bien hasta que surgió el primer disgusto, el cual se comenzó a convertir en pequeñas peleas y llegamos a fuertes discusiones, a tal grado que incluso, pensábamos en el divorcio.

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A través del tiempo —y luego de analizar el asunto con nuestra mente humana— en nuestro proceso de restauración matrimonial mi esposa y yo hemos comprendido que el poder sobrenatural de Dios y su infinita misericordia son lo que una pareja necesita para salir adelante a pesar de cualquier situación.

Pero por otro, en los últimos dos años hemos visto el matrimonio desde la perspectiva psicológica. Hemos adquirido muchas herramientas en el Instituto Mejora y hemos continuado formándonos con la ayuda de especialistas del Instituto Gottmann. Esto nos ha demostrado que hay esperanza porque en un 85% de los casos la relación se puede rescatar. ¡Sí se puede!

Nuestra fe se fortalece mucho más en el Señor. Divorciarnos fue como atravesar un desierto, pero luego, al restaurar nuestro hogar, nos dimos cuenta de que todo eso fue parte de nuestro proceso para entender que las parejas pueden superar cualquier situación por difícil que parezca.

Es por esto que el matrimonio es una aventura maravillosa, porque atraviesa por senderos altos y bajos, algo que no puedes predecir y que cada día trae nuevos retos y nuevas sorpresas, pero sobre todo alegrías y la satisfacción de que podemos ser un equipo con nuestra pareja y sobreponernos a cualquier adversidad.

Es una aventura porque la historia se escribe día a día, es una página en blanco que debemos escribir y dibujar y cada trazo puede ser tan hermoso y especial como lo dispongamos en nuestro corazón.

Cuando hicimos los votos en el altar dijimos “sí” en la abundancia como en la escasez, en la salud como en la enfermedad, y hoy en día el amor y el compromiso nos han permitido seguir juntos a pesar de todo lo que hayamos pasado. Sentimos el firme propósito de invertir en nuestro matrimonio.

Por eso quiero invitarte a que permitas que Dios sea el centro de tu matrimonio e inviertas tiempo, energía y recursos en mejorar cada día para ser esa persona que tu pareja necesita y cumplir con el plan de Dios para tus generaciones.

Si de algo estoy claro en la vida es que no existen noviazgos o matrimonios perfectos, pero lo que sí existen son parejas felices y realizadas.

¿Cómo puedo llegar a tener un noviazgo o matrimonio realizado? El principio de ser feliz en una relación está en reconocer primero mis debilidades antes que las debilidades de mi pareja. Cuando pienso que tengo debilidades y mi pareja me acepta tal y como soy, entonces yo también debo aceptar las virtudes y debilidades de mi pareja.

Cuando veo que hay áreas de mi vida que necesitan cambios, pero alguien me tiene paciencia y me ama así, es porque estoy experimentando la ley de la siembra y la cosecha. Entonces, del amor que alguien siembra en mi vida debo sembrar también yo porque debo dar de gracia lo que de gracia estoy recibiendo.

Una pareja es feliz cuando cada uno se entrega. Muchas personas se entregan según lo hace también su pareja, pero todos tenemos capacidad de amar y cuando nos limitamos también nos limitamos del otro lado, pero cuando damos lo que podemos dar estamos sembrando lo mejor para cosechar lo mejor.

En muchas ocasiones, cuando estaba recién casados con mi esposa Vanessa, los dos defendíamos nuestros puntos de vista y nuestras demandas, pero rara vez escuchábamos y atendíamos las necesidades del otro y mientras nos mantuvimos con una actitud de demanda nunca avanzamos y teníamos muchas diferencias.

Llegó el día que entendimos que exigiendo y demandando nunca íbamos a salir adelante en nuestra relación, por eso desde entonces nos hemos propuesto escuchar qué necesita uno del otro y servirnos, atendernos y sembrar. Ahora los dos apoyamos las necesidades del otro y en comunicación nos ponemos de acuerdo para entender qué molesta, qué ofende y qué lástima, pero también qué apoya, qué sirve y qué nos bendice cuando lo hacemos.

Ahora tenemos una relación de atención y servicio. Es increíble cómo en 18 años de casados cada día es más fluida la relación, cada vez nos conocemos más y comunicarnos es más fácil. Comprendemos que en una relación uno tiene el poder de edificar y bendecir la vida de su pareja, pero también puede destruirla y limitarla. Cada uno tiene el corazón de su pareja en su mano, puede acariciar o apretar y lastimar, pero todo lo que haga lo voy a recibir de vuelta.

Quiero terminar mencionando que las parejas más felices se comunican, se comprenden y se perdonan constantemente porque reconocen que son humanos y que tienen debilidades, pero que en una sana relación las cosas que pasan no son ofensas personales, sino son parte de las características de cada persona, así que no podemos señalar porque también tenemos mucho por qué ser señalados.

Espero que Dios los ayude a comunicarse y aceptarse como son y sean felices viviendo una relación conforme a su plan.

Cuando me separé de mi esposa, luego de once años de matrimonio y dos hermosos hijos de pocos años de edad, emprendí un viaje hacia la introspección. Me fui cinco días a una casa de retiro en Honduras para silenciar mis pensamientos y encontrar paz en medio de la tormenta. Mi mentor, mi gran amigo, Marco Gómez, me dijo una frase trascendental: “En este momento, puedes actuar desde el miedo o desde el amor. Lo que decidas hará una enorme diferencia”.

Debo reconocer que había postergado escribir La travesía del amor, el libro que lanzaré el 24 de noviembre, en el auditórium Casa de Dios. Me daba miedo exponer un área tan íntima. Me daba miedo contarle al mundo que había sido infiel y que luchaba con la sexualidad desordenada. Me daba miedo decir que no sabía administrar mis finanzas. Me daba terror aplicarme la etiqueta “divorciado”. ¿Cómo pude actuar tan diferente a lo que firmemente creo correcto? ¿Cómo hablar de algo en donde me sentía un fracaso?  

Mis temores se fueron confirmando. Lo que nunca me había pasado como empresario, escritor o conferencista, ahora me ocurría. En redes sociales empezaba el escarnio: “Cómo puede hablar de eso si tuvo una cuenta de Tinder”… “Cómo puede hablar de eso si es un mujeriego”… “Cómo puede hablar de eso si perdió a su familia”… “Cómo puede hablar de eso si fue infiel”… “Cómo puede hablar de eso si lastimó a mi amiga”. Pues precisamente por todas esas razones es que lo hago.

Leí en algún lado que la religión es para quienes desean evitar el infierno. La espiritualidad, sin embargo, es para quienes ya estuvimos allí. Quiero confirmarte que es cierto lo que dicen en redes. Lo perdí todo por mis errores y sigo pagando las consecuencias de mis imperfecciones. Sin embargo, ahora te hablaré desde el amor.

Escribí una obra que busca exponer lo más preciado que tengo: mi absoluta vulnerabilidad. No te hablaré desde mi formación como científico. De nada me sirvió tener un doctorado en dinámica humana y salud mental para sanarme. Sin embargo, usé esa rigurosidad académica para sustentar mis argumentos. No te hablaré desde el trono de la perfección para darte fórmulas mágicas o para juzgarte. Te hablaré como un ser humano le habla a otro, te aconsejaré como un amigo que busca el bien del otro. 

Escribí una obra que espero que mis hijos lean para responder sus preguntas y orientar sus decisiones. Algo útil, accesible, sustentado en las mejores prácticas y en lo que he aprendido luego de tanto dolor.

Enfocados en esos retos, con un equipo de especialistas, hemos preparado un evento que desea regalarte esperanza para que descubras, como este servidor y amigo tuyo descubrió, que es posible salir adelante. Es posible reconstruirte.

Hoy, mis miedos más profundos se han convertido en poderosas armas para amar. Sin duda, solo Dios puede usar el peor de tus errores como instrumento para ayudar a otros, de forma que el mayor de tus dolores se vuelva el mayor de tus propósitos. Bienvenido a la travesía del amor.

Cada noviembre recuerdo el sí, acepto y el sí, prometo que le dije a una mujer que creyó en mí antes de ser lo que hoy soy y tener lo que ahora tengo. 

Con ella inician las historias de amor, porque es la palabra que usamos para corresponder a una propuesta ¡sí, acepto! ¡sí, quiero!

Sí, es una palabra de dos letras que usamos miles de veces, cuando queremos algo, cuando nos ofrecen algo o simplemente cuando aceptamos algo. Es tan fácil y tan corta de expresar, pero detrás de ella hay historias de compromiso, de sacrificio y con un gran significado al que me quiero referir.

El sí (con tilde) en el lenguaje del amor es estar dispuesto a darlo todo, sin reservas, sin condiciones, sin agendas ocultas, porque cuando hay reservas es un sí débil o falso. El sí en una pareja  es una promesa que se puede cumplir día a día, cuando nace en el espacio del  corazón donde esta la capacidad que todos tenemos de amar.

La pregunta es ¿qué valor tiene esa corta palabra para cada persona? No se trata solo de pronunciarla sino de demostrar el valor que le das a tus palabras, de las acciones que respaldan algo tan corto, pero tan valioso.

¿Por qué puede cambiar una vida? Porque al prometer amar a una persona a través de llevarla al altar ese sí se transforma en compromiso, significa que serás único (a), te da pertenencia, te posiciona en el corazón, te da exclusividad y también motiva a la otra persona a hacer lo mismo.

Un sí es el inicio de una aventura con alguien a quien conoces, pero no por completo, trae consigo un riesgo que te lleva desarrollar esa capacidad de amar que todos tenemos y te anima a creer que sí va a funcionar, así es como el amor crece y las palpitaciones se regulan después de declarar tus sentimientos por medio de esa propuesta para iniciar un noviazgo o un matrimonio.

No podemos negar que el amor nos eleva las palpitaciones a una velocidad incontrolable, pero el sí es mágico porque no solo permite que el corazón se regule sino también nos llena de alegría, de optimismo, de fuerzas para mejorar el futuro. El recuerdo del lugar donde haces esas preguntas tan importantes siempre te va a dibujar una sonrisa que te llevará a revivir tu recorrido para llegar al altar, los preparativos y tus nervios.

Claro, hay que tener en cuenta que tu sí podría cambiar si no sabes cuidar la fuerza que te llevó a expresarlo, el amor. La propuesta es para toda la vida, pero es necesario que dimensiones que solo se sostiene con el amor.